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lunes, 21 de febrero de 2011

Mi versión de la Pascualina



Tarta Pascualina


Ingredientes:

2 tapas de pascualina (en cualquiera de sus variedades: hojaldrada, criolla o light)
2 paquetes de acelga
1 cebolla chica
1/3 de morrón rojo o verde
1 rama de apio
1 cebolla de verdeo
3 cucharadas de salvado de avena
4 huevos
Rocío vegetal Natura 
Mostaza cantidad necesaria
Nuez moscada, pimienta


Opcionales: queso rallado 

Preparación: 

Lavar y limpiar bien las hojas de acelga.  Escurrir.

Mientras limpio y preparo las hojas de la espinaca no puedo dejar de preguntarme cómo se arreglan las personas que sólo cuentan con una bacha en la cocina, o con una pileta pequeña.  Para preparar cualquier tarta de acelga, espinaca, remolachas o similar, se necesitan como mínimo dos atados de verdura, que suelen ser enormes, ocupar un estante completo en la heladera, y toda la pileta llegado el momento de la limpieza.  No sólo utilizo a full las dos piletas disponibles sino que me planteo cuánto me gustaría que fueran aún más grandes para trabajar más cómoda y con amplitud.

¿Algo así?
  

Veamos, yo utilizo una bacha para zambullir las hojas en remojo e ir revisando que no tengan gusanitos o tierra pegada.  Las que están limpias, las paso a la segunda bacha donde se escurren las hojas limpias.  Al terminar con este proceso, en la primer bacha me quedaron las hojas en mal estado, la tierra y otros indeseables (como los llama Blanca Cotta) a medida que voy cortando las pencas. 



Cortar las pencas (tallos) y reservar.



En una olla grande, poner a hervir abundante cantidad de agua.  Cuando rompe el hervor, echar la sal, y blanquear las hojas de acelga (aproximadamente 3 minutos).

Retirar las hojas del agua, con una espumadera, y colocar en un recipiente con agua helada.  Dejar reposar unos minutos.

Picar la cebolla, el morrón, la cebolla de verdeo y la rama de apio.

En una cacerola o sartén, saltar las cebollas, el morrón y el apio, hasta que la cebolla esté transparente.  Retirar del fuego.

Escurrir bien las hojas de acelga, tratando de exprimir la mayor cantidad posible de agua.  ¡Con cuidado! ya que aún pueden estar muy calientes.  Picar las hojas de acelga. 

Agregar la acelga picada a la preparación de cebolla, mezclando bien. Condimentar con nuez moscada, sal y pimienta.

En casa, usualmente, utilizamos el morrón colorado para que le dé más sabor y color a la preparación.  Sin embargo, el morrón verde se mimetiza y esconde mejor de los ojos de niños vuelteros con la comida (no es el caso de los que tengo cerca, que se asoman por la cocina para picotear un pedacito de morrón, una rodaja de zanahoria o lo que esté sobre la mesada).


 

Agregar tres cucharadas de salvado de avena (también se puede usar avena instantánea Quaker) y mezclar con dedicación.  En este paso, también se pueden agregar tres o cuatro cucharadas de queso rallado.


Rociar el fondo de una tartera, de 25 cm de diámetro, con rocío vegetal Natura.
         

Forrar el fondo de la tartera con uno de los discos para pascualina (en este caso, elegí las tapas hojaldradas).  Pintar la masa con un poco de mostaza.  La mostaza actúa como una barrera aislante y evita que la masa  se humedezca al colocar el relleno.

     

Ahora, volcar la preparación de acelga sobre la masa, asegurándose que quede bien cubierta la masa, especialmente en los "rincones" contra el borde.  Una vez hecho esto, hacer cuatro hoyos o hendiduras con una cuchara, equidistantes entre sí (ver en la foto).  

  

En cada uno de los hoyos, volcar un huevo (bien fresco), con cuidado para que no se rebalsen.


Colocar la tapa.  Completar con un repulgue, estilo empanada, sellando ambas capas de masa entre sí, para que no se escape el relleno y/o sus jugos durante la cocción.


Pintar la tapa con un poco de huevo, leche o un poco de agua.  Pinchar con un tenedor en tres o cuatro lugares  para facilitar la salida del vapor, intentando no hacerlo sobre la ubicación de los huevos. 


Cocinar en horno precalentado (caliente, 180º C) hasta que la masa esté dorada, aproximadamente 50 minutos. 


Dejar reposar unos minutos antes de servir.  Servir caliente, tibia o fría.


Pencas:
Una vez que el agua de la olla retomó el hervor, echar las pencas y cocinarlas hasta que estén tiernas.  Retirar con una espumadera y colocar en un recipiente con agua helada. 

   

Las pencas son riquísimas para comer como un snack, así solas, o condimentadas con un poco de sal y aceite.  

Muchas veces, pico una porción de las mismas, y si veo que el relleno me está quedando "corto" las agrego al relleno de la pascualina.

Otras veces, las utilizo para hacer buñuelos, combinadas con zapallitos en un revuelto o mezcladas en el relleno de lasagnas, tartas de verdura y pollo, pan de verdura, u otras preparaciones.

Se pueden congelar para utilizar en otra ocasión y sacarnos de un apuro.

Me invitaron a participar de esta fiesta virtual.  ¿Por qué no te das una vuelta?



 
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