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miércoles, 20 de abril de 2011

Perlas

Allá lejos y hace mucho tiempo, tuve un collar de perlas que adoraba.  Una hilera de perlas blancas, del tamaño perfecto.  Complementaban cualquier atuendo simple y elegantemente.  (Entraron amigos de lo ajeno a casa un fin de semana y desaparecieron las perlas)

No eran perlas naturales, nacidas de una ostra.  Esas estaban fuera de mi presupuesto.  Eran perlas Majorica, artificiales, fabricadas bajo un proceso tradicional usando elementos orgánicos, marítimos, y naturales. 

Un centro de cristal, redondo, perfecto es bañado en un líquido de Perla, más de 30 veces, y luego dejado a secar. Una vez seca, la perla puede ser pulida a la perfección. 
 

Hace unos años, durante las vacaciones,  visitamos el pabellón de Japón (acá y acá) en Epcot, Walt Disney World.  Nos asomamos a otro mundo, una cultura tan distinta a la nuestra, atisbamos costumbres y tradiciones de una civilización milenaria.  Pudimos, por un par de horas, visitar ese maravilloso país.

Disfrutamos la comida japonesa en uno de sus restaurants, paseamos por el pabellón admirando obras de arte, deslumbrándo(nos)me con las joyas expuestas (a la venta, pero totalmente fuera de mi alcance), asombrándo(nos)se con las espadas, katanas y otras armas (mi apuntador me indica que katanas son las espadas curvas que se llevan en la cintura, linyato las espadas rectas que van en la espalda), libros, manga y animé, kimonos, etc.

Una de las atracciones del pabellón es el stand de las ostras -Pick-A-Pearl (Elige-Una-Perla).  Estas son perlas cultivadas y aseguran que cada ostra contiene una perla.

Nos asomamos a una de las peceras ubicadas a los lados del mostrador y elegimos un par de ostras.  

Una japonesita divina las pescó de la pecera y las colocó sobre una bandejita.   Con gran ceremonia, se encargó de explicar el procedimiento, mostrando a todos los presentes la ostra objeto de la operación.


 
Luego, con mucho cuidado, con la ayuda de un cuchillo, procedió a abrirla.  

Hurgó en su interior en busca de la perla.


Allí encontró una perla perfecta, luminosa e iridiscente.





Una perla preciosa, brillante.  Con expresivos Ohhhs y Ahhhs y gran alharaca  -muy a mi pesar, ya saben que tengo perfil muy bajo y prefiero esfumarme antes que exponerme-, mostró la perla a la audiencia, la describió como una luminosa perla, de buen tamaño.  La limpió en un cuenco con agua, la secó y procedió a tomar sus medidas.

 

Cada uno de estos orificios corresponden a una medida.  El tamaño más usual es el 6.  Colocan la perla sobre el número 6, si no pasa al otro lado, avanzan un casillero y así sucesivamente hasta dar con el tamaño.

Ya tenía la primer perla para un par de aros.  Antes del fin del día, tendría un maravilloso par de aros, con perlas elegidas por nosotros.  Allí mismo hay artesanos que realizan el trabajo de engarzado de las piezas.

La segunda ostra nos deparaba una sorpresa.

Repitió el mismo procedimiento ... como si no lo hubiera hecho ya cientos de veces ese día, con paciencia, ceremonia y dedicación japonesa.

Al abrir la ostra, apareció la perla ... ¡negra!

Si con la perla anterior, el descubrimiento había venido acompañado por Ohhhs, Ahhhs, y demás, imaginen el alboroto ocasionado por la aparición de esta pequeña belleza.

¡Tambores! ¡Tambores!

Sí, redoble de tambores. 










A uno de los lados del mostrador, había un pequeño tambor.  Redoble de tambores para dar la bienvenida a la perla inusual.



(¿Les conté que prefiero pasar desapercibida?)

Una multitud se agolpó para ver el milagro.  Fue paseada como en carroza delante de todos los presentes para ser admirada (y nosotros envidiados).

Y como todo recién nacido, a continuación, fue limpiada, secada, medida y entregada a sus flamantes y orgullosos padres.  Nuestras perlas midieron 7 y 7 1/2 mm.


No hace falta decir que me quedé sin el par de aros.

Les cuento que, si las perlas son de diferente tamaño o tonalidad (blanca, rosada), cuentan con un stock de perlas para intercambiar.  Es decir que, yo podría haber buscado allí otra perla de 7 1/2 para que ambas perlas fueran del mismo tamaño y dejado la más pequeña o a la inversa.  Alguien más adelante, usaría esa perla para emparejar su par.



Por razones obvias, este canje no es posible con una perla negra.  O tenés la suerte de pescar dos ostras con perlas negras o ...

En fin, nadie resigna una perla negra por una blanca.

Resignan el par de aros.  Encuentran otro uso para las perlas.

 
Desde el momento mismo en que elegimos las ostras,  buscaba un par de perlas idénticas para un par de aros.  El destino tenía otros planes.  No habría aretes.  No encontraría la homogeneidad.  

Elegimos engarzarlas juntas en un colgante de plata.  Son diferentes, son bellísimas.  Si fueran idénticas serían un par perfecto, homogéneo e ideal.

No lo son.  Son extremos opuestos.  Una es blanca.  La otra es negra.  Una es clásica.  La otra es extraordinaria.  Origen similar (una partícula extraña dentro de una ostra) con resultados tan disímiles.  Ambas son brillantes, luminosas e irradian el misterio de su creación.  Para mí se han convertido en un símbolo.

¿Quién no quiere ser parte de un par perfecto?  Fácilmente combinable, perfectamente ensamblable.  Pero ¿Es eso, realmente, lo mejor a lo que podemos aspirar?  ¿Es así como realmente lucimos mejor?

Para mí, este par es perfecto.  Blanco y negro.  Clásico y extraordinario.  Sus contraposiciones, sus diferencias, la diversidad, los contrastes, los intereses aparentemente irreconciliables, ese todo tan heterogéneo y, a primera vista, difícil de combinar, constituyen un desafío y un quiebre de la monotonía.   

El diseño de una pieza acorde para alojar armónicamente a ambas perlas implica un proceso de creación que, ineludiblemente, destaca ambas piezas; pero, componiendo un conjunto qué es más que la suma de las partes. 

Cada una, como las personas, es bellísima, completa, compleja y única.  En conjunto, sin embargo, son más que dos.  Están enriquecidas, su belleza exaltada, sus cualidades potenciadas y enaltecidas.

Estas diferencias son las que aportan la pizca de sal y pimienta para saborizar nuestra dieta diaria.  Este es mi par perfectamente desparejo y perfectamente completo.  Unido en permanente contraste.  Esta es la pareja que elijo día a día.



En YouTube encontré algunos videos tomados en el pabellón de Japón, en el stand de las ostras.










Fuentes:
Fotos propias
http://www.majorica24.com/majorica/es
http://es.wikipedia.org/wiki/Perla 
http://www.disneywallpaper.net/r-epcot-58-epcot-japan-%281024x768%29-415.htm
http://www.disneydispatch.com/content/columns/happiest-tips-on-earth/2011/06-epcot-interactive-adventures/pearl-t.jpg
http://i722.photobucket.com/albums/ww224/burhenns2/Nov%2009%20Arrival%20Day/Nov%2009%20Epcot/100_2989.jpg
http://www.disboards.com/showthread.php?t=2380426
http://www.flickr.com/photos/cheukiecfu/2647529877/
http://www.flickr.com/photos/eruss21/3574596912/
http://www.flickr.com/photos/brandoncripps/4014011917/
http://www.karipearls.com/disney-pearls.html
https://picasaweb.google.com/lh/photo/wn7dtEQ2SJ_eQeGPubaCHg
http://hostessofthehumblebungalow.blogspot.com/2011/02/hostess-gifta-milestone-birthdayand.html
http://pixies.thatcutedog.com/Japan-Pearl.jpg
http://land.allears.net/blogs/photoblog/indoor_japan_st.jpg
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