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domingo, 31 de marzo de 2013

Caras o caritas

En esta era de híper conectividad, en esta época de mensajes abreviados, tweets, mails, chats, ...

En estos tiempos que corren, donde, querramos o no, estamos al tanto, en tiempo real, de lo que hacen amigos, conocidos, parientes y extraños, muchas veces me siento perdida.  









Me percibo a horcajadas de dos generaciones, con un pie (a veces, los dos) en el siglo pasado que recuerdo más pausado, de relaciones más personales, de diálogos sabrosos y amistades epistolares (¡cuánto hace que no me siento a escribir una carta! y esperar ansiosa la llegada del cartero con la respuesta).

Un tiempo donde el recreo era para charlar y ponerse al día con amigxs más grandes/chicos.

Un tiempo cuando el trayecto entre dos puntos se saboreaba a pasos crujientes sobre las hojas otoñales en compañía de quienes compartían  el mismo recorrido o pretendían atención con la esperanza de robarnos un beso. 

Hoy, bombardeada por actualizaciones en FB, sms en el celular, chats, tweets, skype, zapping simultáneo entre varios canales, multitasking en el hogar y trabajo, múltiples ventanas y aplicaciones en la notebook, tablet, celular, y otros, extraño las caras.  

Añoro las risas y charlas desenfadadas.  

Extraño esas palmadas cómplices al pasar, la caricia reconfortante, el roce de dedos al entregar el mate o intercambiar los lápices.   

Extraño los abrazos.  ¡Todos!  Todos los abrazos: el de bienvenida, el que brinda apoyo y consuelo, el de despedida "nos-vemos-luego" y "buen-viaje", el de felicitación, alegría, cariño, fuerza, amistad, ...

Estas expresiones no logran ser reemplazadas por un ícono, un emoticón o una onomatopeya.  


Quiero ver las caras, quiero sentir la calidez de la sonrisa, el guiño cómplice ante una travesura o ironía, el ceño fruncido por la preocupación, la mirada perdida del soñador despierto, la carcajada cristalina ante un buen chiste o al recordar las peripecias de un viaje o alguna anécdota compartida, los ojos enormes ante la sorpresa y lo inesperado.  

La mirada reprobatoria ante una desilusión, la mirada radiante ante la labor cumplida, el empeño ante los desafíos, el orgullo y la pasión.

El tiritar ante el frío, la falta de aliento luego de una corrida. 

La prudencia ante lo desconocido, la perplejidad hacia lo diferente, la aceptación de nuestras personalidades.  

Los tics y muletillas tan propios, tan ajenos.  Los modismos, las tonadas y acentos.

Lo malo, lo bueno. La tristeza, la felicidad.  El mejor perfume, lo que no huele tan bien. La esperanza, el dolor. La fe, el desconsuelo. El optimismo, el pesimismo. El amor, el odio.  El rencor, el placer.  El miedo, el coraje. 

¡Cuánto mejor se viven si les vemos la cara!

Cada mañana me propongo pelear por preservar estas "antigüedades" y ver las caras.  Por forma de ser y personalidad, implica un gran esfuerzo.  Sin embargo, no me cabe duda, vale la pena.  


Por cada una de esas características expresiones que nos hacen únicos, diferentes, irrepetibles e irremplazables.  

Por cada una de las personas que caminaron a mi lado, las que me acompañan en el presente y las que se unirán en esta senda en algún momento por venir.  


Y sí, concedo, ... a veces, cuando las distancias son infranqueables, entonces, las caras llegarán por medio de skype, los abrazos serán virtuales, las fotos suplirán ausencias, añoraremos compartir los mates y charlar hasta entrada la madrugada.  

Pero, sólo porque no queda otra. 

Hagan ojitos u ojazos (según el caso), batan las pestañas, frunzan el ceño, sonrían, rían, hagan pucheros, acaricien, abracen, disfruten, besen y acaricien, hace bien a propios y extraños.  

Mimen y dejénse mimar "presencialmente".  

Nuestras caras, a diferencia de los emoticons, son únicas, irrepetibles, perfectas.




Fuentes:
Fotos enviadas por uno de uds. - http://d24w6bsrhbeh9d.cloudfront.net/photo/1786635_460s.jpg


 

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